jueves, 4 de febrero de 2010

el segundo: tres terceros

¿Quien conoce la calle La Bola de Madrid? Pues seguro que más de uno, pero no muchos más, porque hay un bar famoso por su cocido madrileño: Bar La Bola. Pues justo enfrente, cruzando la calle, hay un antiguo cuartel que en mis años mozos fue el colegio San Ignacio. Está formado por un patio y unos barracones de dos plantas en uno de los lados cortos del patio. Los barracones hacían de aulas y el patio, con suelo de tierra, de pabellón descubierto de deportes donde se pasaban los recreos, se daban las clases de gimnasia y se jugaban los partidos de baloncesto.

En la plaza de Oriente 1966


Llegué a mitad de mi primer curso de educación primaria, creo que con seis años, pero en este nuevo colegio las aulas de primero y segundo curso debían estar completas, y con esto quiero decir que físicamente no cabía nadie más, porque me metieron en la clase de tercer curso. No recuerdo que este hecho causara en mí un trauma a pesar de que pasé de tener un buen negocio cambiando deberes escolares por muñequitos de plástico y cromos, por pasar algunos momentos de apuro intelectual. Uno de los que creo sucedió al poco de llegar fue mi primer dictado. Quiero suponer que si se me aceptó en el colegio fue porque, además de que iba con mi hermano, no olvidar que era un colegio privado, o sea de pago, tenía un nivel escolar aceptable para poder empezar en tercero de primaria aunque por la edad debía estar en primero. Pues bien, este primer dictado se me quedó marcado para siempre y no por la colleja que me dio la maestra sino porque me puso ante una situación nueva y despertó no se si un sentimiento de miedo o de frustración. Y os preguntareis en que consistía ese problemático dictado, vale, no me hago más de rogar, pero es que quiero reflejar, aunque sólo valga para mí, este hecho y si no le doy un poco de coba pasará desapercibido hasta para mi:


“Llego………………………….” Si, este fue el problema. El dictado empezaba con una palabra cuya primera letra era la “elle”: ¿y cómo se pone una elle mayúscula? Ahora habréis visto que ya se hacerlo, pero esa primera vez no fui capaz, me quedé en blanco, sin poder escribir ni esta ni las siguientes palabras con el resultado que cuando la “señorita” pasó a mi lado y vio que no escribía me echó la correspondiente bronca con colleja incluida. A esta “señorita” la soporte, o la sufrí o la temí por casi tres años seguidos y aunque por otros hechos acaecidos he llegado a pensar que no le caía muy en gracia, si que tengo que agradecerle que hiciera despertar en mi hasta la más escondida de mis neuronas aunque sólo fuera por evitar su ira y…………. sus collejas.


Sin embargo no todos los traumas educativos se superan: clase de inglés. ¿Clase de qué? Dios mío ¿qué es eso del inglés? ¡No lo había oído en mi vida! Pero peor aún cuando empecé a oírlo y a no enterarme de nada. Son idiomas; ¡ah, si, ya entiendo!, se habla en países lejanos. Tengo siete años y lo más lejos que he llegado es al pueblo de mi madre….y allí aun hablan español. Creo que esta reflexión fue lo que hizo que jamás aprendiera otro idioma, con sus posteriores consecuencias profesionales….además de mencionar la poca dedicación e interés que había en la enseñanza respecto a este tema. Para mi, que desde el Ministerio de Educación, si existía entonces, debían de decir: “para ir al pueblo de sus padres ya saben bastantes lenguas extranjeras”. Es mi asignatura pendiente porque me reconozco del todo culpable de mi escasa poliglotía.


Mis tres terceros cursos los pasé sorteando la amenaza continua de la “señorita”. No siempre lo logré y tuve que padecer el castigo de quedarme sin recreo, el mejor momento del día, y pasarlo sentado en mi pupitre bajo la tutela de la bruja de la “señorita” que me llegaba a infundir tal temor que por no pedirla permiso para ir al baño me llegue a orinar encima. ¡Premio! Ante ese húmedo mocoso, mal oliente, la “señorita” no pudo evitar mandarme al patio a airearme: recuperaba mi recreo aunque fuera a destiempo.


Me da la sensación que recibía muchos castigos porque hay demasiados recuerdos asociado a ellos: un día lluvioso, de camino al colegio, cruzando la Plaza de Opera que era toda de tierra, me acerque demasiado a un árbol. La tierra estaba demasiado blanda y acabe hundiendo una pierna hasta más arriba de la rodilla con lo que llegué hecho un “acehomo” (expresión que se utilizaba en casa) al colegio; y ¿que paso?, pues que mi amada señorita me castigo poniéndome de rodillas delante de la pizarra, y claro, no pude esconder mi embadurnada pierna, lo que sirvió para recibir otra colleja además de tener que estar postrado de rodillas con los brazos en cruz y soportando el peso de un libro en cada mano. ¡Así se forjaban antes los hombres duros! Puedo aseguraros que no: con el tiempo comprobé que así se forman personalidades asustadizas pero muy disciplinadas.


Reflexiones posteriores a esta época me hacen entender muchas de las cosas que pasaron entonces. En aquellos años un colegio de “pago”, privado, estaba reservado a clases sociales de economías solventes porque además de pagar la mensualidad se realizaban actividades que requerían de aportaciones extras, como eran la realización de manualidades para conmemorar las navidades o el día de la madre, o salidas ocasionales al cine. Nosotros éramos una familia numerosa obrera que vivía en un barrio “bien” aunque fuera en un pequeño piso cuyos vecinos eran apoderados de toreros, sastres o empresarios pero donde mi madre sabía hacer maravillas para administrar el salario que mi padre traía de trabajar en la Pepsi Cola más los extras que ella ganaba cosiendo en casa. Bien, esta breve explicación viene a cuento para ahora poder entender porque yo nunca participaba en ninguna de las actividades extras, pagando, y digo pagando porque aunque desde un principio me quedo claro que no disponíamos de dinero y rechazaba participar, en más de una ocasión la señorita organizaba una colecta entre todos mis compañeros para pagar mi entrada al cine. Pero para la celebración de un día de la madre se decidió que se iba a hacer un tresillo (!!!que mariconada!!!) con cajas de cerillas forradas, no voy a dar explicación de tal manualidad, para lo que había que aportar algunas pesetas que por supuesto yo no tenía. Pues sucedió que desapareció uno, o dos o los que fueran de aquellos tresillos y claro, ¿en quien iba a pensar mi adorable señorita para echarle las culpas? Efectivamente, en mi, y no se si fue porque se considero el hecho como delictivo en grado sumo, o porque a ojos de mi adorable señorita había sobrepasado el límite de atrocidades escolares, llamaron a mi madre para que constatara que yo había llevado a casa uno de esos maravillosos tresillos. En estos tiempos que corren la actitud de mi madre ante la acusación no habría sido digna de mención, pero en mi época que mi madre me defendiera como lo hizo ante la injusta acusación se me quedo grabado: pobres pero decentes.

Adiós señorita, voy a pasar por fin de curso, aunque antes tengo que decir que a nivel de formación no creo haber aprendido nunca tanto como durante estos tres terceros. Aprendí toda la geografía nacional, todo tipo de operación matemática, todo tipo de análisis gramatical, toda la historia de España…que necesite para llegar a la universidad.


3 comentarios:

  1. este chico tan sexy de la foto eres tu??? con tus Rockys?jajaja

    la verdad es que mira que han cambiado las cosas, porque ahora esa misma situación asustadiza que tu denuncias no la tienen los alumnos si no los profesores...y la verdad es que no se deberia haber pasado de un extremo al otro, no?que ya se sabe que los extremos no son buenos!

    Dsifruto mucho leyendo tu blog vecino...!!! besos

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  2. Vaya, vaya... a ver si ahora la culpable de que nos hayas salido tan "Marirresabidillo" es tu profesora de tu "tri-tercero" de primaria ;-)

    Vaya, la verdad es que la historia de la "elle" mayúscula te la había oído contar alguna vez, pero la verdad es que plasmarla en negro sobre blanco te ha quedado bordado. Seguiremos al tanto de esas experiencias y recuerdos infantiles...

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  3. pues no os vais a aburrir......casi nada......pero nuncA se sabe, quizas hayes algo de mi vida que sea aplicable...

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