Y como las cosas empiezan por el principio, pues por el principio también vamos empezar aquí: ¿os acordáis el día en que nacisteis? Sabiendo que me conocéis bien, sé que la pregunta os ha decepcionado y que debería ser ¿os acordáis el día que os engendraron? Y a partir de aquí rellenar unas cuantas hojas hablando del “monotema”, de que si a mis padres les gustaba así, o asa, en fin, un tema que tendrá su propio lugar pero que creo no es este. Aunque debo de lanzar una nueva cuestión que seguro también dispondrá de su lugar, y es: ¿vuestros padres os han contado como fue ese día?, si, si, el día que os engendraron. Cuando hablemos de los padres volveremos sobre esta cuestión.
Yo me encontraba sentado en una sillita de mimbre del tamaño como para un niño de uno o dos años en la cocina de la casa donde pasé mis primeros 14 años. Estaba sólo escuchando los sonidos del silencio: el crujir de las paredes, el palpitar de la calle y los mil y un sonidos que el temor de un niño percibe. Si, este es el primer recuerdo de mi existencia en este mundo. Supongo que ni siquiera es el original, si no, que será el recuerdo del recuerdo de no se cuantas veces hecho el ejercicio de recordar, pero sin duda basado en un hecho real y vivido.
Ya veis, como muchos, como la mayoría, como casi todos los que no hemos nacido en palacios reales o en novelas de ingeniosos escritores, así llegue al mundo. Aunque es verdad que no he hecho el ejercicio de interrogar a mis padres sobre este acontecimiento, pero careciendo de fotografías, de artículos de prensa o de noticias de sociedad, es muy probable que no haya mucho que destacar.
A partir de este primer recuerdo me quedan pinceladas de cotidianos momentos. Los catalogo de cotidianos porque en los tiempos que corren para nadie supone un hecho destacable en que aparezca un frigorífico en casa, una televisión en blanco y negro o la magia del espacio permita colocar una bañera en un minúsculo cuarto de baño. Cada uno vive el momento que le toca, y cada avance tecnológico (porque ya hablaremos del avance o retroceso en otros campos) es lo más novedoso del momento, a sabiendas, que será estrella por poco tiempo. Pues bien, mi infancia, o mejor dicho, mis recuerdos de mi más tierna infancia se fijan en estos pequeños acontecimientos domésticos. Hasta que llegó el colegio.
En mi época no sé si existían guarderías pero creo no tener que convenceros que nunca fui a una. A los 4 años, a párvulos y antes de eso en casa con la familia. Por eso los recuerdos son pequeños esbozos de momentos de mayor agitación que la del día a día como los que mencionaba antes de la compra de un frigorífico, y digo un frigorífico y no un nuevo frigorífico que no hubiera supuesto mención alguna por no haber representado nada más que una pequeña mejora. También me viene a la mente el recuerdo de una de esas sillas altas de niños para estar a la altura de la mesa. Y un especial recuerdo eran las mil y una imágenes que se formaban en el tazón de la leche con Cola Cao gracias a la espuma que este dejaba pegada en el tazón y que sólo la imaginación de un niño puede ver.
A continuación anexo una foto en la que creo que aparezco por primera vez fotografiado en la comunión de mi hermana Mary. Soy el más pequeño de los tres, el otro es mi hermano mayor, Paco. Por supuesto que de esto no recuerdo nada, de hecho, encontrar esta foto ha sido una sorpresa hasta para mí.
Arturo, Mary y Paco en la comunión de Mary